De las mañanas pausadas en Marrakech y las
tardes junto al agua en Auckland, a las noches a la luz de las velas en Nueva
York y los cócteles de celebración en las alturas de Seúl, Sofitel explora los
rituales y placeres que dan forma a un día alrededor del mundo.
En todo el mundo, cada destino tiene su propio ritmo y su propia manera de disfrutar el día. En Sofitel, estas tradiciones locales se encuentran con el art de vivre francés, aportando un distintivo French Zest a los momentos cotidianos: desde el placer de bajar el ritmo y estar plenamente presentes hasta celebrar las noches con estilo.
Esta filosofía de disfrutar cada momento
también se vive en Colombia, donde los hoteles Sofitel invitan a descubrir
experiencias que conectan la identidad local con el art de vivre francés. En
Sofitel Bogotá Victoria Regia, las Noches de Autor celebran un ambiente
parisino en la ciudad; en Sofitel Legend Santa Clara Cartagena, las veladas en
el antiguo jardín del convento de las hermanas clarisas evocan el encanto y la
historia de la ciudad; mientras que Sofitel Barú Cartagena Beach Resort invita
a disfrutar y desconectarse con los paisajes del mar Caribe.
Desde los rituales matutinos y los almuerzos
prolongados hasta las bebidas durante la hora dorada y las celebraciones
después del anochecer, Sofitel explora cómo cobra vida esta filosofía en seis
destinos. Cada uno aporta su propia cultura, sabores y tradiciones a la
experiencia, con un toque chic francés.
Comenzar el día sin prisas en Marrakech
Las mañanas en Marrakech tienen un ritmo
propio. A medida que la ciudad despierta y el calor del día va aumentando,
empezar la jornada sin prisas tiene un encanto especialmente indulgente.
En Sofitel Marrakech Palais Imperial &
Spa, el desayuno reúne dos tradiciones culinarias a través de La Haute
Croissanterie, donde el clásico croissant francés incorpora creativas
influencias marroquíes. Después, el ritmo puede ralentizarse aún más con
rituales de spa inspirados en Marruecos o con un almuerzo prolongado junto a la
piscina de L’Oasis, donde los platos de temporada y el sol marcan el tono de
una tarde sin apuros.
Es un encuentro entre dos culturas que se
siente especialmente natural en Marrakech: el savoir-faire francés junto a los
colores, sabores y tradiciones de Marruecos.
Dejar que la tarde se prolongue en Auckland
Rodeada de agua, Auckland invita de forma
natural a disfrutar al máximo cada ocasión. A lo largo de Viaduct Harbour, los
barcos se deslizan por la marina y la ciudad adopta un ritmo junto al agua que
invita fácilmente a la flânerie: pasear sin prisa, dejándose llevar.
En Sofitel Auckland Viaduct Harbour, la tarde
puede comenzar con un High Tea, disfrutado sin otro motivo que el de no tener
ningún otro lugar al que ir. Un tratamiento facial de inspiración local, con
productos para el cuidado de la piel de Nueva Zelanda, ofrece otra manera de
bajar el ritmo; mientras tanto, French Press Café aporta un toque de la cultura
de los cafés parisinos al puerto, con pastelería y café para disfrutar con
vistas al agua.
A medida que la tarde avanza hacia el anochecer, el champán ofrece el broche perfecto, mientras que la tradición francesa del sabrage —abrir una botella de champán con un sable— añade un destello teatral de French Zest a la hora dorada junto a la marina.
Seguir la luz mediterránea en Marsella
La vida en Marsella ha girado desde hace
mucho tiempo en torno al mar, y la luz cambiante sobre el Vieux-Port marca el
ritmo del día. En Sofitel Marseille Vieux-Port, la mañana puede comenzar con el
desayuno antes de salir a explorar las Calanques de la ciudad o sus callejuelas
serpenteantes, llenas de vibrante arte urbano. Más tarde, es posible regresar
para disfrutar en la terraza de un aperitivo de pastis bien frío o de vino
orgánico local, en sintonía con el despreocupado art de vivre mediterráneo de
la ciudad.
En el restaurante Les Trois Forts, el chef
Sylvain Touati, nacido en Marsella, aporta una singular creatividad a la mesa
mediante ingredientes de temporada y técnicas precisas. Algunas noches, Sofitel
Marseille Culture une gastronomía y cultura con una serie de cenas literarias
junto a escritores reconocidos. Cuando el sol comienza a ocultarse, Le Dantès
Skylounge ofrece amplias vistas desde el Mucem hasta Notre-Dame de la Garde,
ideales para disfrutar con el cóctel insignia del bar, Le Dantès.
Ver cómo Manhattan pasa del día a la noche
Pocas ciudades cambian tanto de carácter al
caer la noche como Nueva York. Las luces de las oficinas comienzan a brillar,
los restaurantes se llenan y Manhattan entra en su ritmo nocturno; la ciudad se
convierte en un lugar para quedarse y disfrutar un poco más.
En Sofitel New York, esta transición está
marcada por el Candle Ritual, una ceremonia que evoca la historia de París como
la «Ciudad de la Luz» y que, al mismo tiempo, encaja a la perfección con el
resplandor de Manhattan.
A partir de ahí, la velada puede continuar en
Social 45, donde las influencias culinarias francesas se encuentran con la
energía más lúdica de Nueva York. Los clásicos conocidos reciben un giro
inesperado, los cócteles llegan con un toque teatral y los interiores se
inspiran en la elegancia de un salón parisino contemporáneo. El Sofitel No.5
Martini prolonga ese ambiente: combina ginebra, cordial de champán y un detalle
inspirado en la moda para crear una hora del cóctel que solo podría vivirse en
Nueva York.
Descubrir el lado más pausado de Varsovia
Varsovia es conocida por su energía, sus
monumentos culturales y una escena gastronómica y artística en constante
evolución. Sin embargo, la capital polaca también recompensa a quienes se toman
el tiempo para bajar el ritmo.
En Sofitel Warsaw Victoria, los momentos de
alegría se encuentran a pocos pasos del corazón histórico de la ciudad. Su
restaurante La Brasserie Modern, galardonado con dos toques de Gault &
Millau, ofrece una interpretación dinámica y llena de energía de la clásica
brasserie francesa. A partir de técnicas culinarias francesas, pero con
ingredientes polacos de temporada, aporta un toque de French Zest y un vibrante
espíritu de celebración incluso a una comida entre semana.
A medida que avanza la noche, el ambiente se
vuelve más distendido y sociable. Tomar una copa después de cenar con vistas a
la plaza Piłsudski permite sumarse a las celebraciones de los habitantes de la
ciudad: pasar de la exploración a la relajación y de los sabores audaces a
dejarse llevar por lo que depare la noche.
Ver Seúl con una luz diferente
Seúl es una ciudad de contrastes: tradiciones
centenarias conviven con el arte contemporáneo, las torres de cristal y barrios
que parecen cobrar todavía más vida cuando empieza a ponerse el sol.
En Sofitel Ambassador Seoul Hotel &
Serviced Residences, esta mezcla de lo antiguo y lo nuevo sirve de escenario
para una velada que puede comenzar con arte contemporáneo y un té de la tarde
con vistas al lago Seokchon, para dar paso de manera natural al champán y la
celebración a medida que se desvanece la luz del día.
Después del anochecer, el bullicio de la
ciudad se disfruta mejor desde las alturas. En Latitude32, 32 pisos por encima
de Seúl, se sirven cócteles y vinos franceses frente a la amplitud del
horizonte urbano, aportando una luminosidad parisina a una de las ciudades más
dinámicas de Asia.
Desde mañanas tranquilas y almuerzos
prolongados hasta las horas doradas y las luces de la ciudad entrada la noche,
cada destino aporta su propio carácter al día. Ya sea en Marrakech, Auckland,
Marsella, Nueva York, Varsovia o Seúl, el placer no reside únicamente en todo
lo que hay por hacer, sino en lograr que los pequeños momentos de la vida
cotidiana estén llenos de alegría.

No hay comentarios:
Publicar un comentario