EL TREN DE CHOCOLATE DE LOS SUEÑOS VIAJÓ PARA DELEITAR A LOS NIÑOS DE LAS
COMUNIDADES DE ARARCA Y SANTA ANA EN BARU
La gran escultura de chocolate viene de un
sueño cumplido creada por el grupo de chefs pasteleros de Sofitel Barú
Calablanca que se convirtió en el más exquisito dulce para los pequeños del
Caribe colombiano
Así, el equipo de la pastelería de hotel en cabeza del chef Guaus y del chef pastelero Jeisson Camilo inició su camino para volver ese sueño realidad con el Tren de los sueños de Chocolate. Luego de 50 horas de trabajo y la utilización de materiales e ingredientes 100 por ciento colombianos, incluido el chocolate, del cual utilizaron más de 60 kilos, se creó esta obra de la gastronomía que estuvo exhibida en el hotel durante las fiestas de diciembre y hasta el 6 de enero. Después se derritió y se convirtió en 60 barras de chocolate que fueron entregadas a los niños de la comunidad.
La inspiración les
llegó del amor por compartir en esta época de diciembre. Para el chef Guaus: "Soñamos
con un mundo mágico, donde el tiempo se detiene y los sueños se hacen realidad.
En este mundo había una locomotora que sólo funcionaba en esta época del año.
Las ruedas avanzaban a lo largo de las vías, llevando los regalos de Papá Noel
a los niños desfavorecidos de la costa caribeña. Con su sonido único, profundo
y lleno de promesas, anuncia momentos de pura magia, de risas que nacen en el
corazón y de esperanzas que se encienden como estrellas, para que olviden por
un momento sus días duros."
"Era un tren
que no sólo atravesaba paisajes, sino que también borraba las preocupaciones de
los pequeños, llenándolos de felicidad y un cálido resplandor que se extendía
en el aire, como un abrazo invisible. Ese día, el reloj olvidó su paso y todo
se volvió posible: un rincón de alegría infinita donde los sueños se revelaban
envueltos en risas y sonrisas. La locomotora continuó su viaje, dejando atrás
un camino de pura magia, donde el tiempo no importa y solo existe la luz del
amor, la esperanza y la magia de la navidad." reflexionó el chef.
Para el chef ver el
rostro de los niños fue lo mejor de la jornada "Nos emociona que desde
nuestro trabajo podamos contribuir hacer felices a estos hermosos niños",
asegura el chef, "es un regalo para los pequeños, un pedazo de magia en
cada bocado, una chispa de dulzura que se desliza por las sonrisas que brotan
del alma, como un pequeño resplandor del universo, un instante robado al
tiempo, donde
los sueños siguen vivos".
De esta manera,
Sofitel Barú Calablanca Beach Resort continua con su compromiso con la
comunidad dentro de su gran estrategia social que incluye, además, programas de
formación, apoyo al talento y al trabajo y desarrollo de las comunidades de
Barú.

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